15/8/11

Esperar: la triste condena

El otro día me acosté en mi cama pero algo no estaba en orden. Cerré mis ojos por unos instantes pero cuando volví a abrirlos ya no estaba en mi cama. Estaba sentada bajo la lluvia. ¡Dios, como dolía! Cada gota era una piedra clavandose en mi aspera piel. Y la sangre comenzó a salir de ella con tanta furia como la que tuve contigo. Del dolor empecé a llorar y de la desesperación, empecé a correr... sin rumbo. Pero abruptamente me caí al precipicio de los sueños rotos. La luz era cada vez mas pequeña y la oscuridad me absorbía mas y mas. Mi cuerpo y mi alma suplicaban para que me salves solo esta vez. Pero espere, espere, espere... hasta que la luz desapareció y choque contra el final del precipicio. Yacía, sola y destruía. Fue cuando supe que jamas tendría que haberte esperado.